Morelia, Michoacán

¿Va a ocupar agua?, es la pregunta que reciben los visitantes que arriban al Panteón Civil para alistar las últimas moradas de sus familiares, de cara a la celebración de la Noche de Muertos.

Un camino de pétalos de cempasúchil se extiende desde el acceso principal del cementerio hacia su plazoleta, abrigado por filas e hileras de tumbas, entre velas y veladoras y papeles picados de muchos colores.

Personas con cubetas en mano aguardan el flujo de los familiares que, puntuales a una cita plena de nostalgia y amor, van a decorar y poner bonita la tumba de su ser querido.

Es una labor en equipo. Unos cargan las flores, otros buscan el agua, otros más protegen las bolsas y suéteres de quienes se afanan en lavar y limpiar las lápidas; algunos simplemente observan.

A pocos días de la llegada de las almas, la cantidad de visitantes comienza a elevarse, aún en forma espaciada, aún sin grandes concentraciones, apenas rasgado el silencio, pero ya lo bastante notorio el movimiento como para que los michis del Panteón Civil, los guardianes de los muertos, eligieran ocultarse.

Trabajadores van y vienen, atareados en los últimos preparativos para que el camposanto esté en óptimas condiciones.

Al exterior ya se observa a los vendedores populares, con sus flores de mil olores y sus velas, pan de muerto y coronas; entre los cuales, en breve, chirriarán comales y Andrés con antojitos mexicanos.