Morelia, Michoacán/Félix Madrigal/ACG

Caminar entre las tumbas del Panteón Municipal de Morelia lleva a encontrarse con historias de quienes alguna vez tuvieron una vida, una familia y un nombre. Pero entre los pasillos de este recinto también existe un espacio que guarda algo poco común: ocho cuerpos momificados naturalmente que, desde hace años, despiertan la curiosidad de quienes se acercan a conocerlos.

Detrás de las puertas de este pequeño museo, cinco mujeres, dos hombres y un bebé permanecen en exhibición. Sus cuerpos conservan características que llaman la atención de los visitantes, no solamente por su estado, sino también por las historias que con el paso del tiempo han comenzado a rodearlos.

El hallazgo ocurrió en 2015, durante trabajos de recuperación de espacios en el panteón. Al realizar la exhumación de algunos restos que se encontraban en gavetas, los trabajadores descubrieron que ocho cuerpos se habían conservado de manera natural, debido a condiciones ambientales como la deshidratación y los cambios de temperatura.

Aquello que comenzó como un descubrimiento terminó convirtiéndose en un museo. En 2017, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) comenzó a participar en los trabajos de mantenimiento y conservación de las momias.

Sin embargo, hay detalles que llaman la atención más allá de su conservación. Una de las figuras es conocida como La Quinceañera, sobrenombre que recibe por la apariencia juvenil que conserva. Su imagen hace que muchos se pregunten quién fue aquella mujer y qué historia habrá detrás de sus últimos días.

Otra de las momias también tiene su propia fama. Entre las historias que se cuentan en el lugar está la de un cuerpo que suele producir crujidos, sonidos que algunas personas describen como si se estuviera moviendo. Un relato que alimenta la curiosidad, aunque no existe evidencia de que las momias tengan movimiento propio.

Moisés Carmona, director de Servicios Auxiliares del panteón, explicó que las ocho momias corresponden a aquel hallazgo de 2015 y que actualmente no se encuentran en búsqueda de nuevos cuerpos con estas características.

Entre la tranquilidad de las tumbas y las miradas curiosas de quienes recorren el museo, estas ocho momias mantienen viva una parte poco conocida del Panteón Municipal. Algunas despiertan preguntas por la forma en que conservaron sus cuerpos; otras, por las historias que se cuentan sobre ellas. Lo cierto es que cada una permanece como testimonio de una vida que terminó, pero cuya historia todavía provoca curiosidad.