Pátzcuaro, Michoacán

El Camino de las Ánimas es más que un atractivo turístico que ofrece la región lacustre esta temporada de Noche de Muertos. Es una manifestación tangible de cómo en Michoacán, mientras haya quien encienda una luz para quienes han partido, el amor no se muere, solo cambia de forma.

Un clima fresco y el atardecer enmarcan la representación de una ofrenda a los difuntos, elaborada por una familia de Urandén. Decenas de paseantes, turistas y visitantes se acomodan en las orillas del lago de Pátzcuaro, bajo la mirada del personal de protección civil y turismo, así como organizadores de la comunidad.

Las luces se apagan y comienza la escenificación, la procesión de las canoas que surcan, como desde siempre, las aguas del lago. Y son las mujeres, las copaleras, responsables del fuego sagrado, las que abren la actividad, para purificar el espacio sagrado y ahuyentar a las energías adversas.

Les siguen las canoas con las pastorelas tradicionales, el torito de petate, las ceremonias nupciales, el atole como rito de feminidad, el churipo que reúne a las familias y las comunidades, la Miringua que observa desde el agua que nadie ose romper su equilibrio, las ceremonias de cortejo, el día de Corpus Christi, la pesca con redes de mariposas que han sido símbolos del lago, y el canotaje, que ha dado a Michoacán campeones mundiales de gran habilidad y una escuela formadora de nuevos talentos.

Y es que en Urandén la Noche de Muertos es un momento de reencuentro con los seres amados que han partido y que, por unos momentos, vuelven a sus hogares para ser halagados con comida, bebida, flores, aromas, y luces que simbolizan el amor de sus familias.